Brasil 2014, el Mundial de los memes

por Benjamín de Buen

@bdebuen

En 1998, el stunt-man Pepinno Moretonni, con su traje negro y su capa amarilla, rodó por los escalones de Mont Martre y se levantó ileso al pie del cerrito parisino. Ese mismo año, el Dr. Chunga inventó la barriga artificial para contrabandear cervezas a los estadios de Francia ‘98. Y Horacio Cascarín, al lado de sus Mazacotes de Chicontepec creó una barrera expansible para tapar tiros libres, un balón de cerámica para descontar rivales en el saque de banda y por último, una alfombra de astroturf para ocultar delanteros que se sumarían al ataque en el momento preciso.

Pocos mexicanos han tenido tanto protagonismo en mundiales consecutivos como lo tuvo el comediante Andrés Bustamante. Si la selección fallaba, Andrés no. Si los partidos se mostraban insípidos, Andrés se lucía y además se servía de la rectitud y el rígido señorío de su anfitrión, José Ramón Fernández.

Sin entrar en una discusión sobre la historia de la televisión en México, lo que sí se puede decir es que en esa época el canal que transmitía a Fernández y Bustamante se presentaba como alternativa al poderío económico de Televisa. Sin tener los mismos recursos para cubrir el mundial, lograba simpatizar con los espectadores por virtud de sus contenidos, donde la cereza en el pastel era el trato entre el comediante y el comentarista. Joserra era el jefe supremo en el escenario de Los Protagonistas, exigía el respeto de sus colocutores y se imponía por la fuerza de su carácter al grado de ningunear a sus compañeros. Bustamante era el único capaz de convertir a José Ramón en su patiño.

Cada vez más, el futbol se vuelve noticia por jugadas que no terminan en la red: mordidas, clavados, cabezazos, peinados –cambios de portero (en lugar de Krul, bien pudo ser el Higuita de Atotonilco parando penales de última hora). Tal vez sea la realidad de un torneo que tiene 64 partidos o el eterno problema de la cantidad y la calidad. Irónico, pero los equipos que más emoción, futbol y alegría aportaron a la historia de esta edición, ya se han ido a casa.

En la versión del futbol que se presenta en los anuncios de televisión, la excepción se convierte en lo normal: las rabonas, chilenas, bicicletas, hasta las cuauteminhas, aparecen en una misma jugada para llevar a la pelota a la línea de gol. Esta versión del futbol no permite el aburrimiento. Pero es lógico que un torneo con 64 partidos tenga ratos insufribles. Pues resulta que las chilenas son una rareza y que las rencillas históricas entre los equipos sobrevivientes no se traducirán necesariamente en partidos para el recuerdo si se entiende este concepto como un partido que le hereda a la afición un debate para la posteridad como hizo Beckenbauer con el brazo vendado al cuerpo o la ‘Mano de Dios’.

Ponchito y compañía han sido uno de los percusores de la fabulosa química entre el humor y el mundial. Y además, la gracia de los personajes de Bustamante le hacían un servicio a la Copa del Mundo: suplían las carencias de los partidos que no cumplían con la etiqueta mundialista, detectaban los absurdos del futbol y desmitificaban aquello que había sido glorificado sin mérito. Es lo que en Brasil se ha logrado los memes.

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