Giménez hizo un godín

El central uruguayo Josema Giménez emuló a su compañero Diego Godín para darle la victoria a Uruguay en su debut en Rusia 2018 

Por: Farid Barquet Climent

Hace cuatro años, con motivo del Mundial Brasil 2014, escribí una propuesta: que el vocabulario del futbol acuñara una nueva locución: el gol de godina, el gol a lo Godín, el gol godino o cualquier derivación semejante.

¿Qué es para mí un gol de godina? No un gol anotado por un Godínez, arquetipo de oficinista mexicano construido por las redes sociales, sino la clase de gol típica del capitán de la selección uruguaya Diego Godín, quien tiene por costumbre anotar goles clones no sólo en cuanto a su factura sino también idénticos en dramatismo.

Un gol de godina exige siete condiciones sine qua non para ser considerado como tal: a) ocurrir en los minutos postreros del partido o al menos en el segundo tiempo; b) provenir de un tiro de esquina o de una falta próxima al córner; c) que el autor sea un defensor central; d) que conseguir anidar el balón en la red suponga abrir una brecha imposible entre una nube de marcadores; e) que el contacto último con la pelota sea con la frente, el pómulo, el hombro o la clavícula; f) que el contexto sea de máxima tensión y que las hinchadas enfrentadas lo vivan con el sufrimiento que puede desembocar en hazaña o descalabro y g) que la feliz consecución del tanto suponga un logro o la antesala de uno de auténtica trascendencia: la calificación a una siguiente ronda, la obtención de un título…

Hoy en Ekaterinburgo no fue Diego Godín, sino su compañero en la defensa central, José María Giménez, quien anotó un gol de godina. En el último minuto del tiempo reglamentario del partido contra Egipto, el jugador del Atlético de Madrid —mismo equipo de Godín— malogró la excelente actuación del portero del representativo saharaui, Mohamed El-Shenawy, que había atajado goles cantados, al asestar al balón que le envío su compatriota Carlos Sánchez un certero frentazo entre tres defensores egipcios, anidándolo en la red y con ello decidir el encuentro a favor de los sudamericanos.

De no haber logrado Giménez cabecear el balón, presto estaba a sus espaldas para hacerlo nada menos que Godín.

Por eso, cuatro años después vuelvo a insistir: mientras al checo Antonin Panenka le bastó anotar tan sólo un penalti —en la final de la Eurocopa de fútbol de 1976— para que su célebre forma de ejecución de tiros desde los once pasos lleve desde entonces su nombre, Godín mete o propicia o al menos ronda el entorno de goles que llevan su sello pero seguimos sin hacerle justicia al crear un vocablo que lo asocie con el tipo de jugada que a fuerza de repetición ya lo caracteriza.

Honorables Miembros de la Academia de la Lengua del Futbol: con su godín de hoy, Giménez les abre una oportunidad de enmendar su omisión. No la desperdicien.

 

Foto: elbocon.pe

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