A 32 años del Barrilete cósmico

Tan sólo un día después de una de las derrotas más dolorosas que ha sufrido la selección de Argentina en Mundiales y que la ponen al borde de la eliminación, la afición de ese país se apresta a conmemorar el aniversario 32 de la mayor gesta épica de su equipo nacional. Olivia Betancourt Mascorro nos recomienda un libro muy singular que nos retrotrae a esa fecha emblemática.

Por: Olivia Betancourt Mascorro

Antes de comenzar a leer el libro El partido (del siglo), escrito por el periodista argentino Andrés Burgo, sabía de la importancia pero no era capaz de dimensionar del todo el altísimo nivel de significación que para el futbol argentino tiene el 22 de junio de 1986, día en que se celebró uno de los partidos más polémicos y legendarios de la historia de los Mundiales: el Argentina contra Inglaterra de México 86.

Burgo se propuso recrear cómo se vivieron las 24 horas del día en que tuvo lugar ese encuentro. Termina describiendo algo más que la atmósfera que rodeaba a una selección de futbol que estaba en la ruta de consagrarse campeona mundial. Finalmente lo que arroja su reportaje es un retrato de la Argentina de aquellos años. Burgo se afanó en obtener entrevistas con los seleccionados de esa época, como Ruggieri, Olarticoechea, Batista, Pumpido e incluso el entrenador Bilardo. Sorprendentemente logra explicar, de manera detallada y sin siquiera entrevistar a Maradona, todo lo que sucedió antes, durante y después del partido Argentina-Inglaterra.

Pude hacer una lectura muy personal del libro, pues despertó mis recuerdos de cuando asistí a los partidos del Mundial México 86 con tan solo 10 años de edad. Leer a Burgo significó mi regreso a la infancia. En aquel tiempo yo no tenía ídolos futbolistas. Pero aquel Mundial, aunado al hecho de que mis padres fueran desde entonces aficionados de los Pumas de la UNAM, marcó mi punto de partida para convertirme en una aficionada al futbol.

Uno de los apartados que más disfruté fue el de las famosas cábalas de los jugadores argentinos. Una en particular, cuando los jugadores de la selección se fueron a un Sanborns a comer hamburguesas y tomar refrescos. El médico se aparece por el lugar expresando su descontento y los llamó irresponsables. Al final, Bilardo no sólo les permitió, sino que les ordenó hacer lo mismo, hasta el final del mundial.

Otro aspecto interesante es cómo vivieron el partido los árbitros y también los futbolistas de la selección inglesa, a los que les resultaba injusto que se diera por bueno el gol que Maradona hizo con la mano.

El partido tuvo una carga emocional fuerte porque esa rivalidad tuvo una connotación política: la guerra de las Malvinas. Para los argentinos era claro que tenían que ganar el partido contra Inglaterra.

El gol de la mano de Dios yo lo viví en el estadio Azteca como una injusticia. La gente que estaba alrededor de mí y de mi familia optó por ponerse en contra de Argentina, y es que a la distancia, no era justo que ganara de la forma más tramposa. Uno no entiende qué pasa por la cabeza del jugador cuando se atreve a hacer un gol de esta forma, pero cuando leí a Burgo comprendí que los jugadores también aprenden con el tiempo mañas, por así decirlo, en aras de elaborar jugadas que pudieran pasar desapercibidas en las decisiones arbitrales.

Todo se conjugó en el Argentina-Inglaterra: la guerra de Las Malvinas; “la mano de Dios” y “el gol del siglo”; el relato de Víctor Hugo Morales y el Barrilete cósmico, la disputa entre Menotti y Bilardo. Para Burgo, todos estos factores colocan al partido como el más importante en la historia del futbol argentino y aunque yo tenía solo 10 años y no alcanzaba a comprender lo que para el pueblo argentino significó ganarle a Inglaterra, sí puedo decir que el libro tan bien relatado por Andrés Burgo me recordó esa etapa de mi vida en la que fui muy feliz haciendo la ola, gritando cada gol, viendo a Negrete conectar ese tremendo golazo en contra de Bulgaria, incluso la solidaridad entre los mexicanos, que necesitábamos un aliento para superar las consecuencias del sismo del año anterior en la Ciudad de México.

Quien se adentre en el libro de Burgo podrá, como hice yo, viajar en el tiempo.

 

Foto: perú.com