Ecos de Argelia en Francia

Por: Farid Barquet Climent

Gracias a un estupendo remate de cabeza de Raphaël Varane y a un tiro de Antoine Griezmann que fue mal acometido por el portero uruguayo Fernando Muslera, la selección de Francia se instaló en semifinales, etapa que hace sesenta años, en el Mundial de Suecia 58, no pudo superar al quedar eliminada por el representativo de Brasil, que era comandado por Vavá y Didí y apuntalado por sus dos jóvenes y descollantes revelaciones: Pelé y Garrincha.

Si bien la superioridad de los sudamericanos —reflejada en el marcador 5-2— fue inapelable, un segmento de la afición francesa se quedó con la sensación de que su equipo nacional pudo haber pasado a la final de haber contado con tres jugadores que habían sido convocados para integrar el combinado galo pero que la víspera del Mundial decidieron no jugar para Francia por tomar partido en una causa política: la independencia de Argelia, que entonces era una colonia francesa.

En la primavera de 1958, aproximadamente dos meses antes del Mundial sueco, tres jugadores con pasaporte francés pero nacidos en Argelia, Rachid Mekhloufi, Mustafa Zitouni y Said Brahimi, no acudieron a la convocatoria de Albert Batteaux, entrenador de les bleus, porque resolvieron aceptar el llamado a integrar una selección nacional argelina a pesar de que Argelia aún no era un país independiente y en consecuencia no contaba con una federación nacional de futbol reconocida por la fifa.

El Frente de Liberación Nacional (FLN), movimiento político que encabezó la lucha por la independencia de Argelia —considerado por el gobierno francés como una organización terrorista— encontró en el futbol un vehículo de propaganda para difundir por el mundo la legitimidad de su reclamo soberanista. Desde septiembre de 1957, Mohamed Boumezrag, un futbolista retirado que después se convertiría en el director técnico de la escuadra magrebí, empezó a tener acercamientos con los futbolistas argelinos que jugaban en clubes franceses y que formaban parte de la selección francesa con el propósito de exhortarlos a que se fugaran a hurtadillas de Francia para conformar un equipo que, bajo las siglas del FLN, disputara partidos como visitante contra selecciones de otras naciones para darle proyección internacional a la demanda de autodeterminación del pueblo argelino.

Una vez que los futbolistas aceptaron sacrificar sus carreras en Francia para integrar el equipo del FLN, Boumezrag ideó el plan de fuga. Los futbolistas que habrían de abandonar Francia, incluidos los tres seleccionados galos, debían dejar el país en grupos y por fronteras distintas para no despertar sospechas de una salida masiva. Unos partieron por Italia mientras que otros, como Rachid Mekhloufi, goleador del Saint-Etienne, lo hicieron vía Suiza para después reunirse todos en Túnez, nación independizada de Francia apenas dos años atrás y en la que residía el autoproclamado Gobierno Provisional Revolucionario Argelino (gpra).

Ya en la capital tunecina, Mekhloufi y sus compañeros anunciaron la creación del equipo del FLN y ahí mismo tuvieron su primer partido el 9 de mayo contra la selección de Marruecos, a la que vencieron. De acuerdo con datos de Anne Marie Mergier publicados por el semanario Proceso, entre 1958 y 1962 —año en que se consumó la independencia de Argelia— disputaron noventa partidos más, ninguno en suelo argelino, de los cuales ganaron 65, perdieron 13 y empataron 13. Viajaron por aproximadamente 40 países del norte de África, Europa oriental y Asia, anotando 349 goles y recibiendo 119.

Conseguido el objetivo independentista, algunos futbolistas de aquel equipo se quedaron a jugar en Argelia en clubes pertenecientes a las empresas públicas que les daban empleo parcial, mientras que otros regresaron a Francia, como Mekhloufi, quien volvió a enfundarse en la camiseta verde del Saint-Etienne para ayudarle a ese club a regresar a la Primera División en 1963 y luego a ganar tres Campeonatos de Liga y la Copa de Francia de 1968, en un partido en el que “el mediapunta argelino firmó un doblete”, según documenta Alberto Cosín en las páginas de Kaiser Football Magazine.

Sobre su decisión de abandonar el confort de jugar en el futbol galo, Mekhloufi sentenció: “Me llamaba mi país, no podía negarme”. Sus convicciones lo llevaron a perderse el Mundial de Suecia y con ello renunciar a jugar una Copa del Mundo junto a grandes jugadores como Raymond Kopa y Just Fontaine, quien se alzaría como el máximo goleador del certamen con 13 anotaciones —récord hasta la fecha de más goles marcados por un solo jugador en una misma edición— y que también nació en lo que fue un dominio francés, Marruecos, en 1933.

En un documental a cargo de Gilles Peres y Gilles Rof, Mekhloufi le dice al intelectual Bernard Pivot, su entrevistador: “Perdóneme por decir esto, pero la emoción con el equipo de Argelia era más grande que la emoción con el equipo de Francia”. En cambio ahora, en 2018, dos de los que en el Mundial de Rusia están jugando con toda emoción con el equipo de Francia son futbolistas con orígenes familiares en Argelia. Uno es Nabil Fekir, el jugador de cambio que recurrentemente envía a la cancha el entrenador Didier Deschamps, y el otro es el joven que asombra al mundo sin llegar aún a la veintena de edad y que va en la ruta de convertirse en la figura de este Mundial: Kylian Mbappé. Fekir, delantero que en la pasada temporada marcó 23 goles en 40 partidos para el Olimpyque de su natal Lyon, tiene raíces argelinas por parte de padre, mientras que el joven maravilla del Paris Saint Germain es hijo de madre argelina, aunque nacido en la localidad de Bondy, en la periferia parisina.

Fue la epopeya de Mekhloufi y su generación la que dio lugar al desarrollo del futbol en Argelia, cuya selección nacional asistió por primera vez a un Mundial en España 82, dirigida por Mekhloufi, y repitió su participación en la siguiente edición, México 86. Se cuenta que el gol de tiro libre anotado a Irlanda del Norte por Djamel Zidane en el estadio 3 de Marzo de Zapopan durante el Mundial mexicano, fue la inspiración para un niño francés, de su mismo apellido y descendiente de argelinos, que doce años después, en 1998, sería el puntal de la selección de Francia que conquistó la única Copa del Mundo que ostenta ese país: Zinedine Zidane. Como en tiempos de Mekhloufi, como en tiempos de Zizou, hoy nuevamente, con Mbappé y Fekir, ecos de Argelia resuenan en las esperanzas francesas de ganar el Mundial.

 

Foto: neville.es