La Jeune Belgique

A pesar de que hoy quedó eliminada, la actual selección de Bélgica ha tenido un crecimiento tan grande como el que tuvo la literatura de ese país hace más de cien años.

Por: Farid Barquet Climent

En 1993, el poeta y ensayista mexicano Gabriel Zaid escribió sobre los jóvenes escritores belgas que a principios del siglo XX marcaron un antes y un después en las letras de ese país francoparlante. En aquel ensayo publicado en la revista Vuelta, Zaid afirma: “La emancipación literaria de Bélgica frente a París se da con la revista La Jeune Belgique (1881-1897) y con las figuras de Émile Verhaeren (1855-1916), Georges Rodenbach (1855-1898) y Maurice Maeterlink (1867-1949), cuyo premio Nobel (1911) consagra la resonancia universal del ‘milagro poético belga’”.

La emancipación de Bélgica, ya no literaria sino futbolística, no se debe a figuras como Verhaeren sino a otras cuyos nombres suenan parecidos, Vermaelen, Vertonghen, pero también a Courtois, a Kompany, a Hazard, a Lukaku y a toda esa Jeune Belgique que ha practicado el futbol más bello de este Mundial, esa joven Bélgica que esta noche en San Petersburgo fue superada por muy poco por Francia y que se despide de Rusia 2018 haciendo resonar por todo el Universo el milagro poético del futbol belga.

Fue la magnífica anticipación al minuto 50’ de Samuel Umtiti, que le ganó en el salto dentro del área al melenudo Fellaini, lo que hizo la diferencia entre belgas y franceses en la semifinal de hoy. Es cierto que Francia tuvo otras oportunidades de gol que pudieron haber hecho más abultado su triunfo, como la dejadita de Mbappé en los pies de Giroud al 33’, el tiro cruzado de Pavard tras un pase filtrado por Mbappé que salvó la pantorrilla de Courtois, o el jugadón magistral de Mbappé que dejó nuevamente a Giroud a boca de portería al 55’. Pero los belgas también pudieron haber anotado. Al 20’, un lance majestuoso del portero francés Lloris impidió que un remate de rehilete de Alderweireld se convirtiera en el primer gol del partido. Una atajada que vale una final.

Según Zaid, “la resonancia universal de los poetas de La Jeune Belgique se explica, en primer lugar, por su talento creador. Luego por la vitalidad comunicativa que los mueve al diálogo. Y finalmente, porque su obra respondía a una necesidad de la época. Una necesidad, digamos, de “progreso espiritual’”.

Parafraseando a Zaid, yo digo que la resonancia universal de los futbolistas de La Jeune Belgique se explica, en primer lugar, por el talento creador de Hazard y De Bruyne. Luego por la vitalidad comunicativa que mueve a sus integrantes a un diálogo cosmopolita en el que se funden la potencia africana de Lukaku y la precisión europea de Mertens. Y finalmente, porque la obra conjunta de todo el equipo ha terminado por responder a una necesidad de nuestra época, una necesidad de progreso espiritual del futbol: que en la era post-Tiki-Taka seamos capaces de creer nuevamente que el preciosismo no está reñido con la eficacia.

 

Foto: Todo Sobre Camisetas

 

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