La historia omitida del estadio Luzhniki

Por: Farid Barquet Climent.

El libro más conocido de Svetlana Alexiévich, ganadora del premio Nobel de Literatura en 2015, es Voces de Chernóbil, en el que la catástrofe nuclear ocurrida en esa ciudad ucraniana el 26 de abril de 1986 es recreada por la periodista a partir de testimonios orales que ella recoge a través de entrevistas con personas afectadas trágicamente por los efectos de la radiación.

El libro es, entre otras muchas cosas, una denuncia de cómo el gobierno de la Unión Soviética, encabezado por Mijail Gorbachov, se empeñó en minimizar la dimensión del desastre y sus consecuencias. Un ingeniero que era el jefe del Instituto de Ingeniería Nuclear de Bielorrusia —la ex república soviética que recibió mayor contaminación por su vecindad con Chernóbil— le dice a Alexiévich que por órdenes del régimen “toda la información se convertía en un secreto guardado bajo siete sellos, para ‘no provocar el pánico’”.  Recuerda que a él y a sus colaboradores se les exigía “no hablar abiertamente de los resultados”, mientras “por la tele aparecía Gorbachov calmando los ánimos”.

Más de cuatro años antes de la catástrofe de Chernóbil, las autoridades soviéticas también intentaron minimizar otra tragedia: la ocurrida el 20 de octubre de 1982 al término de un partido de futbol en el estadio moscovita que entonces se llamaba estadio Lenin y que rebautizado como estadio Luzhnikí mañana será el escenario de la final del Mundial Rusia 2018.

Los trágicos hechos de hace 36 años tuvieron lugar al finalizar un partido de Copa UEFA que enfrentó al Spartak de Moscú contra el Haarlem holandés. El equipo local anotó en el primer tiempo el gol que lo puso en ventaja. Casi todo el segundo tiempo transcurrió con el marcador inalterado, por lo que una parte de los espectadores, que no llegaban a 20,000, empezó a desalojar el estadio en vista de que el cotejo parecía que terminaría con la mínima ventaja a favor de su equipo. Sin embargo, en los minutos postreros del partido, el Spartak anotó su segundo gol, a cuyo festejo en las gradas quisieron sumarse los aficionados que al momento del gol estaban en las escaleras en dirección de abandonar el inmueble. Se produjo así una avalancha de gente que consumó la peor tragedia en la historia de los estadios de futbol de todo el mundo: murieron más 300 personas y aproximadamente 100 resultaron heridas, pero el gobierno soviético sólo reconoció 66 fallecidos, de acuerdo con información del diario español El Confidencial.

En Voces de Chernóbil, Alexiévich escribe que ella se dedica “a la historia omitida”. Me parece justo que a pocas horas del partido que recibirá la atención de todo el planeta y que se jugará en ese mismo estadio, se cuente la historia omitida de los que ahí murieron intentando llenar su vida de la misma manera que lo haremos millones de seres humanos dentro de unas horas: disfrutando de un partido de futbol.

Dice Alexiévich: “Yo quiero contar la historia de manera que no se pierdan los destinos de los hombres”. Hoy toca contar la historia del estadio Luzhniki de manera que no se pierdan ya no los destinos, que ahí se definieron, sino la memoria de esos hombres que en ese lugar perdieron la vida.

 

Foto: clicdeporte