Más que un desTello

Por: Farid Barquet Climent.

Si un destello es, como sostiene la Real Academia de la Lengua Española, un “resplandor vivo y efímero, ráfaga de luz que se enciende y amengua o apaga casi instantáneamente”, la carrera futbolística de Germán Tello, delantero de Pumas en los años ochenta, fue más que un destello: regaló resplandores, ráfagas que viven en la memoria. Los destellos de Tello fueron “intensos”, como reza la definición academicista del verbo destellar, y también fueron, lamentablemente, “de breve duración”, por causa de una infortunada lesión.

A finales de 1988, Tello sufrió en la cancha el percance que lo orilló a retirarse de la práctica del futbol por la ruptura de los ligamentos, un menisco y la cápsula de la rodilla izquierda. Tenía veinticinco años y se encontraba en su mejor momento. Recién a mediados de ese año salió subcampeón de Liga con los Pumas, cuyo plantel de aquel torneo, dirigido por Héctor Capi Sanabria, estuvo conformado exclusivamente por jugadores surgidos de la cantera. Sólo Tello y el portero Adolfo Ríos jugaron todos los partidos de aquella competencia.

Germán dio sus primeros pasos futbolísticos en Mixcoac. Junto a su padre David, de buena pegada, y a sus dos hermanos mayores, David y René, Germán destacaba en el equipo que conformaron para disputar partidos por el rumbo de Plateros y que también se daba cita en las canchas de la Delegación Benito Juárez, junto al Parque Francisco Villa, conocido por todos como Parque de Los Venados.

La historia de Germán desmiente a quienes insisten en que el bachillerato de la UNAM no puede ni debe ser un semillero de jugadores para el equipo de Primera División de los Pumas, pues la aptitud de Germán para el futbol profesional fue descubierta hacia 1977 por un entrenador de equipos colegiales, David Piceno, en los patios del plantel de la Escuela Nacional Preparatoria —institución que inició sus labores un día como hoy hace 150 años, bajo la dirección de Gabino Barreda— asentado en Mixcoac: la Prepa 8, de donde alguna vez surgieron jugadores que serían campeones con Pumas, como Leonardo Cuéllar, Jorge Espinoza y José Luis Pareja López.

En 1978 Tello salió campeón del torneo nacional de Educación Media Superior, lo que lo catapultó para incorporarse a la categoría Juvenil de Pumas, en la que fue dirigido por Julio y Rubén Medina, hasta que Velibor Bora Milutinovic lo debutó en el máximo circuito en mayo 1981.

Tello recibió su oportunidad en Primera gracias a que los auriazules, a pesar de que por aquellos días se encontraban disputando la serie por la Copa Interamericana contra Nacional de Montevideo, tuvieron que encarar sus partidos ya programados del torneo mexicano de Liga, que no fueron pospuestos, y para hacerles frente necesitaron echar mano de jóvenes talentos como Tello, que no defraudó y contribuyó a que el equipo se mantuviera dentro de la senda triunfante que lo llevó a alzar el trofeo de campeón en agosto siguiente.

Con el propósito de que toda la atención del futbol nacional se concentrara en la organización del Mundial de 1986, la Federación Mexicana de Futbol canceló el torneo de Liga 1985-1986 y en su lugar dispuso la celebración de dos torneos cortos, prode 85 y México 86, en los que Tello jugó para el Atlético Morelia, cedido por los Pumas, al igual que otros noveles procedentes del equipo universitario, Vicente Campos, Javier Barajas y Juan José Hernández, a los que, por su cuna auriazul, en Morelia se les conoció como Los Cachunes, en alusión a una serie televisiva de la época.

El buen rendimiento de Tello en el equipo de la capital michoacana hizo obligatoria su reincorporación al equipo de la UNAM. De su estancia con los ates se recuerda un golazo que le hizo a sus queridos Pumas el 14 de julio de 1985 en Ciudad Universitaria mediante disparo imposible de atajar para su buen amigo Gerardo Souza, anotación que fue calificada por los medios de comunicación como el mejor de aquella jornada futbolística y que seguro hizo exclamar para sus adentros al dicharachero Tello: “¡Qué bonito peina Lupe!”.

Si algún equipo fue cliente de Germán, fue el Monterrey, contra el que hoy se enfrenta Pumas en el Olímpico Universitario. Al equipo regiomontano Tello le clavó el primer gol que hizo en Primera División, en la temporada 1984-1985, en la cancha del estadio Tecnológico: un destellante remate de bolea a primer poste tras un largo centro de Rodolfo Villegas:

 

Y luego, en la casa de los Pumas, Tello les anotó a los Rayados dos tantos más en un mismo partido, correspondiente al torneo 1987-1988, en el que convirtió en goles sendos pases, uno en diagonal retasada y el otro filtrado suavemente entre los defensores centrales, de Luis Flores y Manuel Negrete, respectivamente:

 

 

Pero el sábado 26 de noviembre de 1988, en un partido contra el Atlante, la rodilla izquierda de Tello sufrió la lesión por la que empezó un tortuoso peregrinar que le llevaría por quirófanos y salas de rehabilitación fisioterapéutica, y que desembocó en su adiós a las canchas y en su conversión en entrenador prematuro, pues gracias al apoyo del Ingeniero Guillermo Aguilar Álvarez, entonces directivo del Club Universidad Nacional, Tello empezó de inmediato a dirigir jóvenes de las fuerzas básicas de los Pumas, trabajo que desempeñó durante los siguientes 23 años, en los que participó de la formación futbolística y humana de futuras figuras del futbol nacional, entre otros: Jaime Jimmy Lozano, Gerardo Torrado, Héctor Moreno, Efraín Juárez, y Pablo Barrera.

Biografías futbolísticas como la de Tello deben llamar la atención sobre una injusticia: que no obstante su alta exposición a sufrir lesiones que les impidan seguir desempeñando su trabajo, los futbolistas que en México quedan incapacitados de manera total y permanente para continuar en su trabajo —que suele obligarlos a sacrificar estudios y vocaciones alternativas— no cuentan con un régimen pensionario especial que responda a los riesgos inherentes a su profesión.

Cuando tienen que abandonar la canchas por ese desdichado motivo, los jugadores quedan a la deriva, sin protección social suficiente debido a su juventud —que sólo alcanza para computarles unos pocos años de cotización a la seguridad social— y sin seguros privados proporcionales al daño irreparable a su plan de vida ni a los beneficios cesantes de su actividad.

El actual Director General Deportivo de la Federación Mexicana de Futbol y campeón de Liga como jugador del Atlante en 1993, Guillermo Cantú, escribió hace más de veinte años toda una tesis de Licenciatura en Economía (Análisis fiscal sobre el ingreso permanente del futbolista en México, ITAM, 2017)  para proponer que el dinero que ganan los futbolistas reciba un tratamiento fiscal que disminuya la recaudación por concepto del ingreso sobre la renta pero que en contrapartida permita generar un fondo de retiro digno para los jugadores.

Ojalá historias como la de Tello lleven a retomar la iniciativa de Cantú, a pesar de su aparente falta de prioridad y hasta de su probable impopularidad, pues son muchos los jóvenes que por una lesión ven truncado su futuro en el deporte que les dio todo, sí, pero por el que también lo dieron todo.

 

Foto: Don Balón.