Muñante, tremendo figurón

Por Farid Barquet Climent.

El 10 de junio de 1980 entró en vigor un Decreto —publicado el día anterior en el Diario Oficial de la Federación— por el que se reformó el artículo 3º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos con el propósito de delimitar, con mayor claridad, el significado y alcances de un concepto tan controvertido como esencial para la educación superior pública del país: el de autonomía universitaria.

Aquel Decreto intentó apuntalar la autonomía universitaria, pero al mismo tiempo buscó acotarla. Su Exposición de Motivos —texto justificatorio que acompaña a todo Decreto— da cuenta de esa doble finalidad, pues ahí se estableció que la autonomía universitaria debía entenderse como condición “para que las instituciones de cultura superior se organicen, administren y funcionen libremente y sean sustento de las libertades, jamás como fórmula de enfeudamiento que implique un derecho territorial por encima de las facultades primigenias del Estado”.

Siempre he pensado que ese Decreto llegó tarde. Por muy poco, apenas por un par de meses, pero tarde. Porque durante los cinco años previos a su entrada en vigor, hubo alguien que se arrogó plenos derechos territoriales sobre una porción de la Ciudad Universitaria; alguien que ejerció un dominio total, como auténtico señor feudal, sobre dos parcelas de 105 metros de longitud cada una: las bandas laterales de la cancha del Estadio Olímpico Universitario, convertidas por él en senderos exclusivos, sólo transitables para él en sus galopantes desbordes; alguien que desde su llegada a la UNAM se apropió, como dueño absoluto, del flanco derecho del ataque de los Pumas: Juan José Muñante, La Cobra.

Nacido el 12 de junio de 1948 en Pisco, Perú, Muñante no empezó su carrera profesional en un equipo de su provincia natal, sino en uno de la región del Callao: Sport Boys. A pesar de la rivalidad entre los clubes chalacos —como se les dice a los del Callao— y los de Lima, Muñante migró pronto a un grande de la capital peruana: Universitario de Deportes, club creado en 1924 por estudiantes de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, institución que se reputa como la universidad más antigua de América Latina, seguida por el primer antecedente de la UNAM, la Real y Pontificia Universidad de México, fundadas ambas en enero de 1551 con apenas 23 días de diferencia: la peruana el día 2 y la mexicana el 25.

Al poco tiempo de que un insigne estudiante de la Universidad de San Marcos, Mario Vargas Llosa, fuera galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 2010, el club del que es aficionado el escritor, Universitario de Deportes, decidió honrarlo invitándolo a dar la protocolaria patada inicial de un partido, no sin antes pronunciar un discurso, en el que el autor de La Fiesta del Chivo dijo: “la U no es sólo un equipo de fútbol: es una leyenda”. Y han sido jugadores como Muñante los que contribuyeron a forjar la leyenda de la U. Legendario dentro de la leyenda, los éxitos de Muñante con el que sería el primer equipo universitario en su trayectoria tuvieron alma de presagio, pues con los universitarios crema y granate de Lima conquistó los campeonatos nacionales de 1969 y 1971 y el subcampeonato continental en la Copa Libertadores de 1972, mientras que con los universitarios azul y oro de México (previo paso de dos temporadas por el Atlético Español) alzó el primer título de Primera División de la historia de los Pumas, tras imponerse a otro conjunto universitario, los Leones Negros de la Universidad de Guadalajara, en el segundo partido de la serie final el 3 de julio de 1977 en la cancha del estadio Azteca.

Amalgama de velocidad y buen toque, potencia y regate, Muñante se cansó de dar pases de gol. Las impresionantes cifras goleadoras de los dos principales beneficiarios de sus escapadas, Evanivaldo Castro Cabinho y Hugo Sánchez, quizá serían menos impresionantes de no haber contado con los centros inmejorables de La Cobra, ese “¡tremendo figurón!” —como le gustaba referirse a sí mismo— que deslumbró al mundo con la selección peruana durante el Mundial de Argentina 78, en el que fue considerado como el mejor extremo del certamen.

“El día que muera quiero que sea en México, me gusta ese país, me encanta”, declaró Muñante a un conglomerado de medios de comunicación peruano en 2013, a poco de que se le diagnosticara el cáncer que finalmente lo doblegó, después de casi seis años, la mañana del pasado 23 de abril de 2019 en Florida, Estados Unidos.

No pudiste morir en México, como era tu deseo, pero aquí vivirás por siempre.

 

Foto: El Mañana de Reynosa

 

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