La odisea del Turco Mohamed

Por: Farid Barquet Climent.

El conocido himno de Rayados del Monterrey —el del estribillo “¡Arriba el Monterrey! ¡Arriba el Monterreeeeeeeeeeeeey!— fue compuesto por el cantautor argentino Luis Aguilé, compositor también de la famosa canción “Cuando salí de Cuba”, que ha sido interpretada por Celia Cruz, Bienvenido Granda y, desde luego, por el propio Aguilé:

Cuando salí de Cuba
dejé mi vida dejé mi amor
Cuando salí de Cuba,
dejé enterrado mi corazón

A pesar de su nostalgia por la isla caribeña, Aguilé no nació en Cuba sino en Buenos Aires, ciudad en la que también nació Antonio “El Turco” Mohamed, el entrenador que anoche se coronó por tercera vez como director técnico campeón del futbol mexicano, ahora con sus Rayados del Monterrey, equipo cuyo himno, ya dijimos, es de la inspiración de Aguilé.

Mohamed no salió de Cuba pero, al igual que su paisano Aguilé, algún día también tuvo que abandonar un lugar entrañable para él: Villa Soldati, barrio sureño de la capital argentina donde “El Turco” vino al mundo y dio inicio a su singularísima aventura en el futbol. Mohamed salió de Soldati para participar con la selección mayor de Argentina —dirigida por Alfio “Coco” Basile— que conquistó la Copa América Chile 1991, lo que le valió ser contratado para hacer mancuerna nada menos que con Gabriel Omar Batistuta en la delantera de la Fiorentina, el equipo de Florencia, la ciudad del arte, que seguro vio mucho de artístico, entre otras muchas estampas, en el gol que, en 1990 y con apenas 20 años, el “Turco” anotó para contribuir a que el equipo de sus amores, Club Atlético Huracán, retornara a la máxima categoría del futbol argentino después de vencer al club Los Andes en un partido cuyo marcador abrió Mohamed con un cabeceo, quedo pero preciso, a centro de Sergio Saturno desde la banda derecha.

Debido a que el equipo florentino tenía cubierta la cuota permitida de futbolistas extranjeros de su plantilla, se decidió que Mohamed jugara a préstamo sucesivamente con dos grandes de Argentina: Boca Juniors e Independiente de Avellaneda, clubes en los que Mohamed no pudo explotar lo suficiente ni mucho menos lo esperado, lo cual hizo pensar a muchos que Mohamed había dejado su corazón enterrado en Soldati… tal como su paisano Aguilé lo había dejado en Cuba.

Pero en 1993 quedó demostrado que ni su vida ni su amor ni su corazón se habían quedado en Soldati. Con un notorio embarnecimiento que lindaba la gordura, “El Turco” apareció sorpresivamente en Toros Neza, un club mexicano prácticamente carente de pasado, “un equipo casi sin historia”, como dice el propio Mohamed.

Fue así como “El Turco” no llegó a jugar en la ciudad del arte, pero su corazón, que se creía perdido en Soldati, apareció en Neza, donde reconoce que es el lugar donde jugando al futbol fue feliz, un enorme, pobre y muy poblado municipio conurbado a la capital mexicana, al que se empezó a llevar la luz eléctrica apenas 20 años antes del arribo de Mohamed.

 Por eso
te apoyamos
y seguimos
Por eso
te queremos ver luchar

Así reza otra estrofa del himno de Rayados, equipo que al que se fue a jugar Mohamed en 1998 y por el cual dejó Toros Neza. Por más que la afición regiomontana, llena de expectativas, lo apoyó y lo siguió y lo vio luchar, en esa época se quedó esperando —aunque con la recompensa de haber esquivado un descenso en medio de una crisis institucional, en la que “El Turco” llegó a pagar de su peculio gastos de transportación aérea, hospedaje y salarios de sus compañeros de equipo— que Mohamed le inyectara vistosidad al equipo y repitiera en el Estadio Tecnológico —entonces casa del Monterrey— las proezas por las que se recuerda su paso por los bureles nezatlenses.

Si en aquellos años de víspera de cambio de milenio no se generó una deuda propiamente dicha, un débito digno de tal nombre, al menos sí quedó la sensación de que entre Rayados y Mohamed algo quedó pendiente. Y ese pendiente, ganar juntos un título de Liga, por fin consiguió saldarlo ayer Ricardo Antonio Mohamed Matijevich, “El Turco”, el futbolista excéntrico, el hombre sentimental, que en esta última dimensión, la del ser humano, la que más importa, quizá la única que cuenta, ha sabido rehacerse a sí mismo tras sufrir el revés más fuerte, que como él dice, es “el golpe más bajo que uno puede recibir”, el que le ha tocado vivir a él y a su familia desde hace más de trece años.

El 7 de mayo de 2018, día en que terminó su primera etapa como entrenador de Rayados, “El Turco” declaró: “estoy seguro que voy a regresar”. Y regresó. Se volvió a sentar en el banquillo en la segunda mitad de 2019 para darle al Monterrey el quinto campeonato de Liga de su historia.

 

Foto: Marca