Tierno bando

Por: Farid Barquet Climent.

Estoy de acuerdo con el historiador argentino Héctor Ghiretti en que el intelectual y político español Enrique Tierno Galván (1918-1986) le imprimió a sus últimos escritos “una modalidad lúdica o irónica, declamativa”.[1] Pero en lo que no estoy de acuerdo con Ghiretti es en que esa modalidad lúdica, irónica, declamativa, Tierno Galván no la hubiera hecho “manifiesta efectivamente en su actuación política durante los años de la Transición (a la democracia) o posteriormente, en su gestión al frente de la alcaldía de Madrid”.[2] Porque Tierno Galván, como alcalde madrileño, apeló a la ironía con un estilo declamativo, a propósito de algo tan lúdico como el futbol.

Dos días antes de la inauguración del Mundial España 82, investido de la facultad de dictar bandos, Tierno Galván emitió uno, alejado de la prosa burocrática impermeable a la ironía, para recordarle a los madrileños (no imperaba entonces la moda de usar “madrileñas y madrileños”) las bondades y conveniencias de actuar con cortesía hacia el “sinnúmero de curiosos y aficionados viajeros”, provenientes de “cuantos países pueblan la Tierra”, que habrían de darse cita en la capital española con motivo del torneo futbolístico:

Aunque es notorio y de común conocimiento que los vecinos de esta Villa suelen hacer oídos de mercader a las advertencias y admoniciones del Alcalde, séame permitido recordar que entre las virtudes que hacen un vecino perfecto y acabado, una muy principal es la cortesía, merced a la cual conservamos viejas amistades, ganamos nuevas, hacemos de los extraños propios y no pocas veces de los hostiles enemigos amigos de apego y fiar, logrando, por añadidura, que quienes visitan las ciudades pobladas por vecinos corteses se hagan lenguas de ellos, maravillados de la apacible condición de sus moradores.(…) Encarezco, pues, a los madrileños, como regidor que soy de esta coronada Villa, que atiendan con particular esmero a nuestros visitantes, conduciendo al perdido, orientando al perplejo, sosegando al inquieto, ayudando al que está en apuros, consolando a quienes la magnitud, complicación y desmesura de esta gran ciudad pueda llevar a la tribulación o al desconcierto, indicándoles con señas, descripciones sobre los planos o acompañándoles en la práctica, qué han de hacer cuando, como ha de ocurrir con sobrada frecuencia, desconozcamos su propio y connatural idioma u otro cualquiera que como recurso hablen.

 

Profesor de Derecho durante once años en la Universidad de Salamanca hasta que la dictadura franquista lo privó de su cátedra “separándolo”[3] en 1965, Tierno Galván nos legó en aquel bando fechado el 11 de junio de 1982, su peculiar definición del futbol:

“Football”, expresión anglicana, que en nuestro común castellano equivale a que 11 diestros y aventajados atletas compitan en el esfuerzo de impulsar con los pies y la cabeza una bola elástica, con el afán, a veces desmesurado, de introducirla en el lugar solícitamente guardado por otra cuadrilla de 11 atletas, y viceversa.

 

A pesar de su tono de pregón y de su ánimo más exhortativo que de ordenanza, el bando también expresaba, en el contexto de los “grandísimos y fastuosos juegos”, una suerte de tarjeta amarilla para quienes osaran apartarse de la elemental urbanidad:

Advierte también esta Alcaldía Presidencia a los vecinos, con suma severidad no exenta de amor, que se esmeren en mantener limpias las calles, en la pulcritud de las fachadas y en la perfecta colocación de los coches en los lugares que correspondan, para pasmo de nuestros visitantes y gratificación y contento de nosotros mismos.

 

Fundador y cabeza más visible del Partido Socialista del Interior (PSI), que después se fundiría en el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Tierno Galván aprovechó aquel bando para exponer su singular política de prevención del delito de cara al Mundial:

multitud de hombres, mujeres y quizá niños, diestros en el arte de apoderarse de lo ajeno, vendrán a esta Villa, aprovechando la circunstancia de tan favorable ocasión, como la de los universales juegos sobredichos, de modo que al número común de pícaros, cortabolsas, sopistas, catarriberas y otros muchos de dudosa condición que ya existen en la Corte habrá que añadir a los que desde fuera se agreguen, por lo que hemos de juntar a la cortesía el más solícito desvelo, para evitar hurtos, robos e ilícitos y codiciosos engaños, que de darse en abundancia empañarían nuestro buen nombre y fama.

 

Jugador en su juventud y aficionado por siempre al futbol[4] —incluso un club vallisoletano de futbol sala lleva su nombre: Club Deportivo Valladolid Tierno Galván—,[5] el primer alcalde madrileño de la democracia cerraba aquel bando con una invitación a sus conciudadanos para que actuaran cortésmente con los visitantes no sólo por convicción virtuosa, sino también por el cálculo de los beneficios que de ello trasuntarían:

Sepan por último los moradores de esta Villa que si de muy grande peso y empeño son las razones de la virtud, también lo son las del material provecho, que crecerá en proporción a la mayor difusión de nuestro honesto comportamiento y crédito.

 

Que los madrileños, contrario a lo que Tierno Galván pensaba, no eran tan de hacer “oídos de mercader” a sus bandos, quedó demostrado el 21 de enero de 1986, día de su multitudinario funeral, una de las concentraciones espontáneas más copiosas, si no es que la mayor, de que se tenga memoria en Madrid.

 

Foto: Alchetron.

[1] Héctor Ghiretti, “El izquierdismo de Enrique Tierno Galván. Democracia, revolución, socialismo”, en La izquierda. Usos, abusos, confusiones y precisiones, Barcelona, Ariel, 2002, p. 125.
[2] Idem.
[3] Armando Suárez, “Hacia un radicalismo humanista”, Revista de la Universidad de México, Volúmen XX, Núm 11, julio de 1966, p. 34.
[4] Julián García Candau, “Tierno Galván también jugó al fútbol”, El País, 24 de abril de 1979.
[5] J. I. Fernández, “El talento se exporta”, Diario de Valladolid, 13 de febrero de 2019.

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