Desobediencia

Por: Farid Barquet Climent.

El primer ministro búlgaro, Boiko Borisov, negó que vaya a darse trato de privilegio al club de futbol CSKA Sofía, el más ganador del país, tras haber sido videograbados su entrenador, el serbio Milos Kruscic, dos asistentes y al menos seis de sus futbolistas mientras entrenaban juntos en las instalaciones del equipo, contraviniendo las medidas de aislamiento social impuestas por el gobierno con motivo de la pandemia de coronavirus.

De acuerdo con información del diario Marca Claro y del sitio web tribunero.com, Borisov instó a la inspección de salud regional de la capital a intervenir y multar al club 31 veces campeón de la Liga local si se demuestra que violó la suspensión de actividades, que en Bulgaria durará, al menos, hasta el 13 de mayo.

Paradójicamente, el desafío a las determinaciones sanitarias provino del equipo del que cabría esperar la mayor obediencia, pues ha sido tradicionalmente el club de la milicia. Las siglas CSKA significan Club Deportivo Central del Ejército. Podría decirse que es un “club réplica”: durante la época en que Bulgaria orbitó en el sistema comunista se fundaron clubes a imagen y semejanza del CSKA de Moscú en varias repúblicas soviéticas (como Tayikistán, donde se creó el CSKA Pamir Dushanbe) y también en otros Estados afines, como fue el caso de Bulgaria, donde se dio la denominación CSKA Sofía en 1948 a un equipo que ya databa de 25 años atrás, el Sporten Klub Atletik Slava, patrocinado por el Ministerio de Guerra y cuyos jugadores y aficionados provenían de las filas castrenses.

Equipo vinculado en su origen al Ejército Rojo —aunque hay versiones según las cuales esa era la imagen que proyectaba, pero en realidad sus aficionados apoyaban la resistencia antisoviética—[1], el CSKA Sofía no podía más que llevar ese color en su camiseta, con la que en la segunda mitad de los 80 alcanzó prestigio continental el futbolista más destacado de la historia de Bulgaria: un gitano de Plovdiv, el temible puntero Hristo Stoichkov, quien le dio al conjunto de las fuerzas armadas tres Copas nacionales, la primera con apenas 19 años ante el archirrival PFC Levski Sofía, equipo de la Policía, y tres trofeos de Liga antes de que Johan Cruyff pidiera su contratación. “¡Ojalá Hristo llegara a ser el Hugo (Sánchez) del Barcelona!”,[2] declaró la leyenda holandesa una vez que lo sumó a la plantilla blaugrana. Dieciocho años después, Cruyff dejaría asentado por escrito que fichar a Stoichkov significó su mayor acierto en materia de contrataciones.[3] Y vaya que lo fue: el búlgaro resultó determinante para que el club catalán ganara en 1992 la primera Champions League de su historia. En el orden individual Hristo obtuvo el Balón de Oro al mejor futbolista europeo del año en 1994, superando a Roberto Baggio, al llevar a la selección de Bulgaria al cuarto lugar del Mundial de Estados Unidos, certamen en el que también conquistó la Bota de Oro al máximo goleador de la justa, empatado en 6 anotaciones con el ruso Oleg Salenko; y también es Bota de Oro europea, pues la ganó en 1990, jugando para el CSKA, tras anotar aquel año la misma cantidad de goles que Hugo Sanchez, del Real Madrid: 38 tantos cada uno.

En cuanto tuve noticia de la desobediencia que se le imputa a personal del CSKA, pensé que las autoridades, máxime que es conocido el gusto de Borisov por el futbol,[4] podrían acudir a Stoichkov para que, valiéndose del ascendiente que en el club le granjea su notable palmarés, conminara a directivos y cuerpo técnico a entrar en el redil de la disciplina en tiempos de pandemia. Pero de inmediato desistí. Porque si alguien fue afecto a desafiar el orden y la autoridad en sus años de jugador, ese fue el gran búlgaro. Si no, que se lo pregunten a Ildefonso Urízar Azpitarte, el árbitro vizcaíno que, tras expulsarlo durante un derbi nacional por la Supercopa de 1990, recibió del futbolista un pisotón que, a juzgar por el rictus de dolor del silbante, le tatuó el empeine derecho a perpetuidad con el dibujo de los 12 tachones de su botín izquierdo marca Kronos, la firma italiana fabricante del calzado con el que siempre jugó el mítico ‘8’ de aquel Barcelona.

Por su “acción violenta” —como la calificó el juez único de la Real Federación Española de Futbol (rfef), José Javier Forcén—[5] suspendieron inicialmente a Stoichkov durante medio año, sanción que fue apelada y reducida a 2 meses y dos partidos. Entre los motivos de la disminución del castigo figuró el arrepentimiento manifestado seis días después del incidente mediante una misiva que le envió a Urízar y que fue publicada por el diario El País, cuya parte medular transcribo a continuación:

El objetivo de esta carta es uno: manifestarle mi más sincera disculpa por el comportamiento irreflexivo hacia su persona, que yo mismo soy el primero en condenar. No quiero buscar ni justificaciones ni explicaciones a un acto que hubiera tenido que saber evitar, pero quiero que sepa que se debió sólo a un impulso que no supe refrenar. Desearía, por tanto, que aceptara mis disculpas que son auténticas y que surgen de mí como persona y también como deportista. Pero en la medida en que usted representaba en el campo la figura del árbitro, quisiera también, de algún modo, que aceptara mis disculpas hacia usted como la reparación que un futbolista dirige a todo el estamento arbitral. Estoy convencido de que sin la inestimable contribución de los árbitros, sin su labor —difícil y muchas veces mal interpretada— y su honestidad, esta profesión a la que nos dedicamos perdería probablemente su espíritu deportivo.[6]

En el prólogo al libro autobiográfico de Stoichkov, Cruyff escribió que durante el tiempo en que él y su cuerpo técnico tuvieron al zurdo del este en el FC Barcelona “uno de los aspectos que quisimos controlar fue, precisamente, ese carácter explosivo”.[7] El holandés era consciente de la inutilidad de cualquier intento de apagar el volcán de su temperamento: “Jamás intenté ablandar su personalidad porque no hubiera podido hacer nada”, afirmó.[8]

Desde aquel incidente han transcurrido 30 años. Hristo era entonces un chaval de 24, que la noche del pisotón se comportó como si tuviera 3. Los años pasan pero se advierte que al exatacante aún le carcome aquella conducta inapropiada contra Urízar, pues terminó por invitar personalmente a éste a que lo acompañara en el partido de homenaje que le organizaron en Sofía el ministerio de deportes y el alcalde de la ciudad en 2018.[9]

En los programas de análisis en los que actualmente participa, al otrora temperamental delantero se le ve ecuánime, con la madurez y la templanza propia de sus 54 años, por lo que hoy bien podría tomar su teléfono y enviar al entrenador del CSKA un mensaje lleno de sensatez y prudencia: #QuédateEnCasa.

 

[1] Kossakowski, Ladosłav, Przemysław Nosal y Wojciech Woźniak, Politics, Ideology and Football Fandom. The transformation of Modern Poland, Oxford, Routledge, 2020, Cap. 2.
[2] El País, “El primer duelo Hugo-Stoichkov”, 4 de diciembre de 1990.
[3] Johan Cruyff, “Prólogo”, en Hristo Stoichkov, El 8cho (colab. Luis Omar Tapia), México, Dreamatch Sports Publishing, 2008, p. 17.
[4] En el intervalo entre el primero y el segundo de los tres periodos en que ha sido primer ministro, Borisov se dio tiempo para incursionar en el futbol profesional: jugó para el club Vitosha Bistritsa, que entonces competía en la segunda división (hoy lo hace en primera), no obstante haber cumplido 54 años, 10 más de los que tenía el día de su “debut” un sujeto que en México se aprovechó de su cargo para faltarle al respeto al gremio de futbolistas como si el trabajo de éstos fuera una pantomima: en 1994 el entonces Rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (uat), Humberto Filizola Haces, de 44 años, hizo que lo pusieran a jugar (contó con la complicidad de un subordinado: el entrenador Jesús Bracamontes) durante la última media hora de un partido oficial de primera división, en el que el Correcaminos, equipo de futbol profesional de la UAT, enfrentó al América en el estadio Marte R. Gómez de Ciudad Victoria. Véanse Quique Rubio, “Borisov: de la política a jugar en un Segunda búlgaro”, As, 21 de agosto de 2013, y Récord, “A 25 años del debut más longevo en el futbol mexicano”, 3 de abril de 2019.
[5] Juan José Paradinas, “El juez único sanciona a Stoichkov con dos meses y dos partidos y expedienta a Hugo”, El País, 11 de diciembre de 1990.
[6] El País, “El jugador búlgaro pidió perdón a Urízar”, 11 de diciembre de 1990.
[7] Cruyff, “Prólogo”, op. cit., p. 17.
[8] Ibidem, p. 18.
[9] Javier G. Matallanas, “Stoichkov pide perdón a Urizar por el pistón, 28 años después”, Marca, 4 de noviembre de 2018.

 

Foto: Only By Land.