La ecuación perfecta

Por: Álvaro Clemente Molina Enríquez Guízar.

Muchos anhelábamos y de niños nos ilusionábamos con algún día ser futbolistas profesionales. Imaginábamos nuestros goles, soñábamos hazañas y hasta planeábamos trayectorias. Desafortunadamente no a todos se nos hace ya no digamos ser ídolos, sino siquiera probar por algunos minutos el profesionalismo o la primera división. En el camino se queda gente talentosa y otra no tanto. De igual forma, a veces no debutan o consolidan en primera división los más virtuosos.

La semana pasada falleció Tomás Felipe “El Trinche” Carlovich, futbolista argentino de los años setenta que a decir de muchos expertos y aficionados de aquel país, era como una mezcla entre Fernando Redondo, Maradona y Messi. A pesar de su talento y múltiples virtudes futbolísticas, de su gran talento y destacado juego, nunca se consolidó en primera división. Se desempeñó en su mejor época en Central Córdoba, equipo de la segunda división argentina. ¿Por qué Maradona, Messi, Redondo y otros menos jugadores no tan destacados a pesar de no ser tan virtuosos como El Trinche, sí triunfaron en el profesionalismo? ¿Qué le faltó a Carlovich para triunfar? ¿Que los astros se alinearan a su favor? Definitivamente no.

Por más que se le quiera ver a Carlovich de manera romántica, lo que es un hecho es que fue alguien que no aprovechó las oportunidades que se le presentaron. Cuando tuvo la ocasión en Rosario Central, era indisciplinado. El día que Menotti lo convocó para un entrenamiento con la selección que disputaría el Mundial de Argentina ’78, al Trinche le pareció mejor idea irse a pescar y no llegar a dicho entrenamiento. Finalizó su vida siendo un gordo que vivía de recuerdos en Rosario.

Dice el dicho que el que es gallo donde quiera canta. Es cierto. Aunque también se requiere estar respaldado por un buen equipo. Nadie puede solo. El éxito de Michael Jordan es inimaginable sin jugadores como Pippen, Rodman, Cartwright, Grant, Kerr y otros y por supuesto es inentendible sin un entrenador como Phil Jackson. Messi ha tenido éxito individual y colectivo con el Barcelona, sin embargo éste no se ha logrado traducir en triunfos con la Selección mayor Argentina. Mucho se le atribuye a él, pero él no es culpable de que Higuaín y Palacio sean unos petardos. Parte de la ecuación exitosa es estar rodeado de o hacerse rodear de la gente adecuada.

¿Cuántos “Trinches Carlovichs” no hemos conocido en nuestras profesiones o en nuestras vidas? Gente que tiene recursos, accesos a las mejores escuelas y universidades, contactos y talento y que a pesar de ello no hacen absolutamente nada. Por el contrario, nos podemos encontrar personas que en situaciones adversas sacan la casta y salen triunfantes. Al ver en estos días el documental The Last Dance, notamos cómo muchos de los jugadores arriba mencionados salieron adelante en un país racista y desigual como los Estados Unidos, superando obstáculos dentro de sus familias, marginación y pobreza.

Se viene entonces la pregunta, ¿qué se requiere para triunfar? ¿Qué se necesita para debutar en primera división, consolidarse, ganar títulos de liga, ir a un Mundial, participar en ligas extranjeras? ¿Cómo ser un Layún o Chicharito quienes sin mucho talento ya llevan en su haber respectivamente dos y tres Mundiales disputados y la oportunidad de jugar en las mejores ligas del mundo? ¿Cómo no ser un Ángel Reyna o un Carlovich?

Son varios factores, habrá quien diga que es suerte, que se alineen los astros y las circunstancias, que estén en el lugar y en el momento adecuado. Puede que tengan razón, pero primordialmente hay elementos cuya ausencia genera que  a pesar de estar en la mejor circunstancia y en el mejor lugar, a pesar de tener todo a favor, no se consiga nada. La suerte no llega por casualidad. Se trabaja.

En primer lugar es la aptitud o talento. Por supuesto que cuenta, saber verlo. Detectar las fortalezas del talento, pulir las virtudes, trabajar las carencias y suplirlas. En segundo término, es la pasión por lo que uno hace. Disfrutarlo cada día, gozar cada momento. En tercer lugar, trabajo y disciplina, desarrollar entrenamiento físico y mental. Por último y no menos importante, al contrario, siendo la parte más importante de la ecuación es la mentalidad. Sin ella, no hay voluntad, pasión ni disciplina y por lo tanto el talento pasa a segundo plano.

Mentalidad implica la capacidad de levantarse ante los reveses, de no marearse en la victoria Encarar con entereza las buenas y las malas. Saber ganar pero también saber perder. Ser capaz de afrontar cualquier reto y estar dispuesto a darlo todo por ser futbolista, arquitecto, abogado, doctor o cualquier referencia de éxito en su profesión u oficio.

Por lo tanto, la ecuación sería Talento x 2 + Trabajo y Disciplina x 4 + Pasión x 4 + Trabajo en Equipo x 4 +Mentalidad x 5. En el camino, seguramente se presentarán todo tupo de adversidades que nos harán incluso plantearnos la posibilidad de claudicar, ésa no es una opción. Teniendo todos estos elementos  de la ecuación, saldremos adelante.

Aprovechemos esta cuarentena para replantearnos  en qué lugar estamos, qué necesitamos y qué podemos desechar. Aspiremos a ser un Jordan, Messi, Maradona y no un Trinche, un Ángel Reyna o un Jamaicón Villegas.

“There’s genius everywhere, but until they turn pro, it’s like popcorn in the pan, some pop, some don’t”.[1]

 

[1] Jerry Maguire, TriStar Pictures, 1996.