Yo, el francés

Por: Farid Barquet Climent.

Cuando en 1997 se dio a la tarea de escribir la historia de la Intervención francesa en México, el historiador franco-mexicano Jean Meyer viajó a París para sumergirse, durante nueve meses, en los expedientes personales, la correspondencia y los documentos de identidad de 784 oficiales del ejército galo, a los que en 1862 Napoleón III les encomendó la misión de entronizar, como monarca de México, a un archiduque austriaco, Maximiliano, con el fin de contener la expansión de Estados Unidos hacia el sur del continente americano.

Esa ardua investigación de Meyer —autor también del más amplio y riguroso estudio sobre la Cristiada— cristalizó en su libro Yo, el francés, que arrojó una conclusión: Francia no envió a tierras mexicanas a “la fleur de marais” (algo así como las frutas secas) de sus fuerzas armadas, sino que mandó a “la élite presente y futura de su oficialidad”, incluidos 100 artilleros, 31 de los cuales murieron aquí.

“Inicialmente concebida como un golpe seco y breve —escribe Meyer— la Intervención duró más de cinco años”. Hacia agosto de 1866, cuando ya habían transcurrido cuatro sin que cesaran los combates, el apoyo francés a Maximiliano resultaba insostenible ante los avances obtenidos por la resistencia de las guerrillas republicanas mexicanas, que habían obligado al emperador a replegarse en Querétaro. Apremiado además por las tensiones crecientes con Prusia —que desembocarían en la guerra franco-prusiana cuatro años después— Napoleón III decidió reconcentrar todo su poderío militar en Europa. Ordenó en consecuencia la retirada definitiva para “librar a Francia de esa cuestión mexicana que nos lleva hacia dificultades insolubles”, tal como lo leyó Meyer en una carta que el último rey francés dirigió el 29 de agosto de 1866 al mariscal Achille Bazaine, responsable de la expedición. De acuerdo con la evidencia recabada por Meyer, “el 13 de marzo de 1867 no quedaba un solo soldado francés en México”. Tres meses más tarde, el 19 de junio, Maximiliano fue fusilado en el Cerro de las Campanas.

Casi un siglo y medio después del fin de la Intervención, en 2015, un artillero francés arribó a México. En modo alguno se le podía considerar como una fruta seca, pues a la edad de 29 estaba en plena madurez. Mientras 31 de sus paisanos artilleros cayeron aquí, él desde el primer día convirtió a estas tierras en su Imperio mexicano. Porque en el lustro transcurrido desde su llegada, las defensas vernáculas se han rendido ante una nueva Intervención francesa: la que ha consumado, gracias a la poderosa artillería de sus goles, André-Pierre Gignac.

Al igual que Maximiliano, Gignac ignoraba casi todo de México antes de pisar con su planta este suelo. Ambos aceptaron partir rumbo a su nuevo destino sin antes tantearlo suficientemente. En la novela de novelas de la literatura mexicana de la segunda mitad del siglo XX, Noticias del Imperio, Fernando del Paso relata que al tiempo que recibía clases intensivas de español en su castillo triestino de Miramar Maximiliano escuchaba asombrado las exposiciones acerca de las riquezas naturales de México que le hacían los conservadores mexicanos que querían verlo coronado. Para persuadir al archiduque de que un reino promisorio clamaba por su llegada salvadora, se auxiliaban de un mapa del territorio mexicano sobre el que el esposo de Carlota de Bélgica colocaba alfileres para fijar puntos de interés. Uno de los primeros que colocó —según la recreación imaginada por del Paso— fue sobre la ubicación de Real del Monte, localidad en la que, por cierto, mineros ingleses jugaron el primer partido de futbol en México del que se tenga memoria. Cuando le dijeron que algunas “de las minas más ricas del mundo” estaban ahí, “Maximiliano clavó el alfiler”, escribe del Paso. Y con Gignac las cosas no fueron muy distintas. Luego de 5 años de jugar para el Olympique de Marsella, el contrato que lo unía al equipo de sus amores expiró aquel verano de 2015. Ya como agente libre, el nacido en Martigues recibió, entre otras ofertas de clubes ingleses, alemanes, qatarís y emiratís, la invitación de unos mexicanos nada conservadores, al menos para abrir la chequera cuando de hacer fichajes se trata, a saber: los directivos del club Tigres, quienes querían ver al equipo de la Universidad Autónoma de Nuevo León coronándose campeón de la Copa Libertadores. Para convencer al campeón goleador de la temporada 2008-2009 de la Ligue 1, le enviaron el libro de la historia del equipo y videos de la ciudad de Monterrey. “En cuanto hablé con el representante de Tigres creo que mi decisión estaba tomada”, se le escucha decir a Gignac en un reportaje que le dedicó el programa televisivo francés Interieur Sport. Ese representante seguramente le habrá dicho que Cemex, el corporativo cementero que administra a Tigres desde hace un cuarto de siglo, quería y podía extenderle un contrato acorde a un artillero de la élite europea. No es aventurado pensar que fue entonces cuando Gignac, como Maximiliano, clavó el alfiler.

Se decantó por Tigres una madrugada de junio de 2015 luego de una larga negociación en un restaurante de Cancún, en la que él estuvo presente. No lo citaron ahí para engañarlo, como a Maximiliano, a quien —otra vez del Paso— le ocultaron que “no había pruebas de que una mayoría de mexicanos deseara de corazón un imperio”. A Gignac en ningún momento trataron de seducirlo diciéndole que en Monterrey iba a tener vista a un mar turquesa ni que pasaría los días en la refrescante brisa de la costa caribeña. Al contrario, le advirtieron que iba a vivir y a jugar bajo el calor seco y la aridez que caracterizan a la industriosa capital neoleonesa. El delantero, que para entonces había sido convocado más de una veintena de veces a la selección nacional francesa, aceptó y se aclimató de inmediato: en su primer torneo corto anotó 15 goles determinantes para que Tigres saliera campeón del Apertura 2015. Fue el primero de los 4 títulos del campeonato mexicano a cuya conquista él ha contribuido en sus 5 primeros años. Antes de su llegada, en las vitrinas de Tigres podían contarse 3 trofeos de Liga. Hoy tienen 7.

Gignac no es el clásico ‘9’ de área, si bien dentro de ese perímetro se comporta como todo un killer. No se encasilla en un rol fijo, sabe crearse los espacios para encontrar ángulo de gol pero no siempre busca acomodarse porque a veces no lo necesita: a pesar de su corpulencia puede sacar un proyectil de su pie derecho en el instante más inesperado y cuando más dificultad enfrenta. Tiene una potencia de disparo que lo vuelve peligroso aún cuando retroceda a distancia considerable de la portería y por eso, cuando se le presenta la oportunidad de patear un tiro libre, las defensas y las aficiones rivales se ponen a temblar.

Su primer gol con la camiseta de Tigres fue internacional, precisamente ante el Internacional de Porto Alegre en la semifinal de la Libertadores de 2015. Para su lamento, en la instancia siguiente los suyos no pudieron imponerse a River Plate en la serie de 2 partidos por la Copa, mientras que 2 años después los clubes mexicanos dejaron de participar en el torneo de Conmebol. Por eso Gignac siente como un pendiente que Tigres pise fuerte en un escenario internacional, y gracias a su último gol de 2020, ante Los Ángeles FC, que valió el trofeo de Concacaf, el cuadro universitario tiene el derecho a participar en el Mundial de Clubes, en el que debutará el próximo jueves 4 de febrero de 2021 ante el campeón de Asia: el surcoreano Ulsan Hyndai FC.

El periodista, escritor y abogado Ireneo Paz, abuelo de Octavio Paz, le contaba a su nieto, cuando éste era niño, sus memorias de la guerra de Intervención. El nobel de literatura lo recordó en su poema Canción mexicana:

Mi abuelo, al tomar el café,

me hablaba de Juárez y de Porfirio,

los zuavos y los plateados.

Y el mantel olía a pólvora.

Cuando los abuelos regiomontanos les hablen a sus nietos de la Intervención francesa de André-Pierre Gignac, los manteles también olerán a pólvora: la que dejará la estela de su metralla goleadora.

Un comentario en “Yo, el francés”

  1. Es una realidad que la mayoría de los jugadores que vienen a México, viene a ver qué pasa, vienen a querer adaptarse en un año o dos al futbol Azteca…con la idea me imagino dicha por sus representantes, sino en éste equipo hay otros 16 más a los que podemos movernos y sino, hay otra liga de ascenso ( que por sierto ya no existe) en la que podemos colocarte…
    Muy pocos son los jugadores extranjero que vienen a cobrar muy buen dinero y rendir desde el juego número uno…es por eso que éste francés a demostrado su gran valía en el futbol Mexicano y ganado varios títulos con su equipo…es un gusto ver que sigue teniendo hambre y echándose la responsabilidad de ser el definidor de un gran equipo.
    Bienvenidos jugadores como el que ha demostrado su gran compromiso con su equipo…Tigres.

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