Una reflexión sobre Scaloni, desde el rincón de un deportivista

Por: Christian «El Cangrejo» Gasca. @gascaberrchristian @cangrefut

Lionel Sebastián Scaloni, el impensado director técnico de la selección de Argentina, cuando tomó el mando de su equipo pintaba para llevar a buen puerto un interinato mientras se encontraba al «nombre ideal». Hoy tiene a su país al borde de la gloria máxima del deporte y pocos los hubieran imaginado, su experiencia no invitaba ni a soñarlo. Y esa incredulidad incluye a un deportivista como yo, que le tiene mucho cariño por haber sido parte de ese Súper Dépor de la primera década de los 2000 que me hizo soñar en mis años universitarios.

Saloni celebra un gol suyo con el que el Deportivo se impuso al FC Barcelona de Louis Van Gaal

La posición actual de la celeste y blanca así como una reciente entrevista en El Heraldo de México a Javier Irureta, Don Jabo, que se desvive en elogios para el joven entrenador de 44 años, invitan a reflexionar acerca de cómo nuestro querido ex jugador ha podido llevar de la mano a este seleccionado, de mucho jugador talentoso, pero joven, a pelearle una Copa del Mundo al actual campeón, que tiene en su plantilla al mejor jugador del mundo: Kylian Mbappé.

Scaloni siendo dirigido por Irureta.

Y es que cuando Scaloni era jugador de mi amado Real Club Deportivo de la Coruña, era el mejor actor de reparto. Había actores principales como Makaay, Tristán, Valerón, Fran, Sergio o en su momento Djalminha. El argentino era, sin embargo, muy importante, un auténtico jugador número 12 (de hecho ese era el número que portaba). Una pieza que podía ser acomodada en casi cualquier sector de la cancha. Su posición «nominalmente» era de lateral derecho, un puesto que tenía como dueño a una la leyenda, Manuel Pablo, que no lo soltaba salvo que le rompieran la pierna a la mitad como en aquel terrible incidente con Giovanella del “odiado” Celta. Lionel Scaloni tenía que buscar resaltar en diversas funciones para ser considerado. Además de lateral o carrilero, podía ser extremo, interior e incluso lo llegué a ver como doble pivote. Vamos, era un jugador sumamente adaptable y eso hoy lo podemos ver en su estilo de juego, que tiene esa característica.

Bien lo ha dicho el mismo Lionel Messi: “a este cuerpo técnico no se le va ni el más mínimo detalle”. Con Scaloni como DT, podemos esperar distintas actitudes del equipo entre partidos o dentro del partido mismo: “mi equipo trabaja para adaptarse a las diferentes situaciones que nos presentan los rivales dentro de un partido”, ha declarado el también rosarino y también formado en Newell’s Old Boys. Cuando hay técnicos que defienden a muerte “su estilo”, nuestro Scaloni no tiene reparo en decir que él prepara y guía los partidos considerando lo que tiene enfrente. Lo multifacético que fue como jugador se lo ha impreso a su equipo.

Tampoco debería sorprender su elección de jugadores. Tiene a su súper estrella mundial, sí, pero lo ha rodeado de jugadores que son reflejo de lo que fue su “Euro Depor”. Mc Allister y Enzo Fernández, por ejemplo, son jugadores que hoy destacan en los dos mejores torneos de clubes del mundo (Premier League y Champions League) pero con equipos sensación que se revelan ante el status quo: Brighton y Benfica, respectivamente. Y eso es lo que pretenden hacer el domingo: revelarse ante jugadores más posicionados en la élite como Griezmann, Dembelé, Tchouameni o Varane.

Esta es una final en la que personalmente no tengo un equipo al que apoyar. Mi corazón de mexicano aún sangrante por la eliminación temprana en la que nos encarriló el seleccionado argentino no me permite apoyarte, mi querido jugador número doce. Pero sí te puedo decir que confío en ti, como Jabo confía también, y como muchos deportivistas, que quieren ver en tu coronación como entrenador a su propio “Lionel” en lo más alto, levantando la Copa del Mundo junto con el nuevo mejor jugador de la historia, aquel con quien compartes nombre y un gran sueño. Es de lo poco que le queda al deportivismo: gritar tu copa con el poco aliento que le queda, desde la penumbra de ser un equipo cada vez más olvidado y que ya no le queda nada más que su historia. Y la que tú vas a escribir este domingo.

Suerte, nuestro Lionel. ¡Forza Depor!

cgc.

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