Neza 86

Por: Farid Barquet Climent

En vano he nacido…

No lo digo, pero no sé qué camino tomar

¿Qué es lo que haré?

¿Cuál es mi destino?

Me he doblegado

Sólo vivo con la cabeza inclinada.

Por esto me aflijo

¡soy desdichado!

He quedado abandonado

al lado de la gente en la tierra.

Estos son algunos versos, traducidos por el gran maestro Miguel León Portilla, del lamento desamparado de Nezahualcóyotl, el heredero del mando chichimeca, mientras huía de la persecución de las huestes de Tezozómoc, señor de Azcapotzalco. ¿Acaso esos mismos pensamientos estarán atormentando hoy al estadio de futbol que, desde hace más de treinta años, lleva abreviado el nombre del poeta prehispánico?

Inaugurado el 27 de agosto de 1981 con el nombre de José López Portillo,  entonces Presidente de la República —que se refería a sí mismo como “el último tlatoani”—, remodelado un lustro después, a las prisas, por el apuro que impuso la celebración no programada del segundo Mundial de futbol disputado en suelo mexicano —recuérdese que originalmente Colombia iba a ser el país sede de la XIII edición— y rebautizado consecuentemente como Neza 86, el inmueble ha vivido sumido en el abandono desde mediados de los años dos mil, con sus bancas en estado deplorable, con sus vestuarios como crujías, con una de sus cabeceras inutilizable, a treinta y tres años que se antojan siglos de distancia de aquel verano de esplendor mundialista en que acogió, pasados por agua de Tláloc, los tres goles de Preben Elkjær Larsen de los seis con que la selección danesa hizo el ritual sacrificial del representativo uruguayo que lidereaba nada menos que Enzo Francescoli.

Si la memoria no viniera en nuestro auxilio, los pasillos que se delatan desde hace bastante tiempo intransitados, las gradas ayunas prolongadamente de emociones, la decadencia irrefutable de las paredes, las ruinas de lo que algún día fue palco de transmisiones y las cuarteaduras por doquier, impedirían siquiera imaginar que en esa cancha contigua al Bordo de Xochiaca, donde se ubican los tiraderos de basura de la Ciudad de México, brillaron dos clubes nezatleneses: primero, entre 1978 y 1988, los Coyotes Neza, que contaron entre sus filas a figuras como Carlos Reinoso, Ricardo Tuca Ferreti, Manuel Manzo, Héctor Tapia, Ricardo Astroboy Chavarín y Osvaldo Castro Pata Bendita, así como a jóvenes valores mexicanos de la época, entre otros, Omar Mendiburu, Federico Valerio Escobedo, Francisco Paco Uribe y Jaime Ordiales; y después, aquellos Toros Neza de los años noventa, conjunto que practicaba un futbol arriesgado y lucidor, en el más puro estilo de su portero de entonces: Pablo Larios Iwazaki, a quien el Municipio de Nezahualcóyotl le rinde hoy a las 15:00 horas en el Neza 86 un homenaje póstumo, engalanado por la presencia sobre el campo de futbolistas veteranos de los Pumas de la UNAM.

¿Habré de erguirme sobre la tierra?— se preguntaba Nezahualcóyotl cuando más lo acechaba el cerco de los emisarios de Tezozomoc, el invasor que orilló a la diáspora a la familia del señor de Texcoco. Si hoy, sábado 16 de marzo de 2019, el Neza 86 se formula ese mismo cuestionamiento por su aspecto injustamente vetusto, puede contestar apelando a las palabras del rey poeta que le da nombre:

¡Amigos míos, poneos de pie! ¡Yo soy Nezahualcóyotl!—.

 

*Texto dedicado a Alfredo Alonso, Noé Jiménez, Juan Martínez y Leopoldo Mendoza, mis amigos de por allá.

Foto: Vavel.

 

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